Quizás sea eso, quizás tener estas alas tiene su precio, tal vez será que ya me canse de volar.
¡Alas para que las quiero! ¿A volar se ha dicho? ¿Y a donde mi señor? Diga el lugar, márquelo en el mapa, pida un deseo, tire su moneda y emprendamos el vuelo. Una vez más… una vez más. Qué de eso se trata ¿No?
Llego el momento pequeñas y poderosas alas, llego el momento mi niño, mi alma, mi mismo.
Te topaste de frente, te estrellaste con tus sueños y descubriste que no eran más que estrellas que dejaron de existir hace millones de años y seguían reflejadas brillando en el firmamento, iluminando como fantasmas un camino hacia ningún destino en especial y tú volando y volando sin querer aterrizar y nadie puede entender.
-¿Por qué seguimos volando?
-Para encontrar un lugar donde aterrizar y echar raíces.
-¿Y tu eres de los que echan raíces?
Ya no agito mis alas, ya solo la corriente me llevan al destino inevitablemente del vuelvo con curso fijo que no puede ser cambiado, o más bien que no debe ser cambiado, pues así es mejor. Y mientras, pienso lo que piensa un hombre cuyo paracaídas no se abrió y cae. Solo esperando que algún milagro ocurra, porque no puede hacer nada más que esperar, así que espero.
Sabes, mientras volaba me encontré mas aves volando, vi la tierra y a los demás hombres, y vi la gran mascarada que llaman sociedad, la gran corrupción que llaman sistema, los grandes clichés y sin sabores que llaman VIDA, las falsas postales y las mentiras más gordas que hacen decir que son verdades, las retorcidas mañas que describen como "VALORES".
Quise conocer más, quise descubrir debajo de aquellas máscaras, y no solo encontré hombres sin rostro, encontré monstruos sin hombres, sin humanidad, encontré mediocridad y cobardía, encontré falsedades y engaños, descubrí lo mas negro y miserable, pero también descubrí la inocencia y la bondad, el amor y la esperanza, descubrí rostros reales, descubrí caras alegres y tristes, descubrí el hambre, la soledad, la lujuria y el vació.
Y surgió un deseo ligero que crece aceleradamente, un deseo de acomodar la balanza.
Y tú ,me sabes joven y lleno de vida, y me sabes fuerte y con ganas de cambiar el mundo, incorruptible. Y preguntas que me pasa.
Y me ves y no das cuenta entera de lo que soy, cuanto me acerco tanto te alejas y me es más difícil escucharte, decidir y seguir volando. ¿Es que acaso necesitamos saber qué hacer y a donde ir?
Y el amor pesándome en las entrañas, pudriéndose por no poder salir, tritura la carne y confunde el pensamiento, y el deseo responde y trastorna.
-¿Y a dónde vas esta vez?
- No sé y esta vez no sé si debo saberlo.
A veces volar no es la forma de llegar a un destino incierto, a veces es mejor caminar con los ojos cerrados y los oídos bien abiertos, en un lugar distinto, donde no conozcas la senda ni la adversidad del camino, a veces el destino incierto es uno mismo,y el camino no esta trazado, entones solo queda escuchar una voz… la propia.